sábado, 15 de octubre de 2011

Arlie R. HOCHSCHILD, La mercantilización de la vida íntima

Arlie R. HOCHSCHILD, La mercantilización de la vida íntima. Apuntes de la casa y el trabajo, Katz, Madrid 2008, 386 págs.

Arlie Russell Hochschild (1940, Boston, Massachusetts) realizó estudios en la universidad de California en Berkeley, donde luego permaneció como profesora. Es conocida principalmente como fundadora de la sociología de las emociones. Ha publicado numerosas obras difundiendo su tesis, con gran éxito en ámbito anglosajón. En español sólo se ha publicado, por ahora, la que reseñamos aquí.


El libro

Consta de diecisiete ensayos, aparecidos con anterioridad en diferentes publicaciones. Pese a su gran número, funcionan bien como capítulos de un solo libro por su coherencia y buena concatenación. Abordan desde distintos puntos de vista las relaciones entre trabajo y familia, analizadas siempre desde la “sociología de los sentimientos”. El interés, por tanto, se centra en el modo en que la gente administra sus sentimientos para hacer frente a las diversas situaciones. Desfilan por sus páginas temas como la colaboración en las tareas domésticas, el trabajo extradoméstico de la mujer, la convivencia conyugal y familiar, la implicación de las empresas en la conciliación, la situación de las madres inmigrantes, la cultura de género, el ámbito profesional del care, la imagen femenina en los medios de comunicación, etc. El estilo es ágil y ameno, repleto de ejemplos, testimonios personales y datos bien contrastados.

Destacamos en esta reseña algunos aspectos que nos parecen más interesantes en orden a una Teoría del Hogar.

martes, 30 de agosto de 2011

Sara RUDDICK, Maternal Thinking



Sara Ruddick, Maternal Thinking
Para la presente reseña sigo la edición italiana, de la que tomo las referencias: Sara RUDDICK, Il pensiero materno. Pacifismo, antimilitarismo, nonviolenza: il pensiero della differenza per una nuova politica, Red edizioni, Como 1993.

Aunque también he cotejado el texto con la versión inglesa:

Sara RUDDICK, Maternal Thinking: Toward a Politics of Peace, Bacon Press, Boston, 1989

Sara Ruddick (1935 - 2011), fue profesora de filosofía y estudios feministas durante casi 40 años en la New School for Social Research de Nueva York. Es conocida principalmente por la teoría que expone en este libro. Estaba casada y era madre de dos hijos.

CONTENIDO
El libro gira en torno al concepto de maternidad, o más bien de actividad materna (mothering), pero entendida —esta precisión es clave— no como función biológica o rol social sino, como conjunto de actividades cotidianas orientadas a proteger, criar y educar a los niños, de ahí que también la llame práctica o trabajo materno. Ruddick evita referirse a ello con la expresión “tareas o labores domésticas”, quizá para destacar la relación madre-hijo por encima de los aspectos administrativos, o tal vez para eludir connotaciones tradicionalistas, pero es obvio que la fórmula trabajo materno se refiere a este ámbito de la actividad humana.

Jesús TRILLO-FIGUEROA, La ideología de género

Jesús TRILLO-FIGUEROA, La ideología de género, Libroslibres, Madrid 2009

El libro de Jesús Trillo es una excelente introducción, lúcida y bien documentada, al feminismo en general y a su actual deriva ideológica en particular, que es la ideología de género. No todo feminismo, lógicamente, ha desembocado en esta postura dogmatizante e inflexible, ni todo pensamiento de género es, necesariamente, un programa de ingeniería social. Pero en la actualidad está claro que el discurso feminista, tan fecundo y variado a lo largo de su historia, ha quedado drásticamente atrapado en los estrechos márgenes de esta doctrina.

Con el eclecticismo típico de la posmodernidad, el género se presenta hoy como un cóctel que combina elementos de lo más dispares: cientifismo naturalista, existencialismo, freudomarxismo, estructuralismo, psicologismo, ecologismo, hedonismo, etc., todo ello con la amable apariencia de neutralidad moral y tolerancia. Sin embargo, una vez asumido por el poder político, puede convertirse peligrosamente en un auténtico programa de adoctrinamiento.

¿Cuál es el origen de esta ideología? ¿Cómo ha logrado influir tanto en los organismos internacionales? ¿Cuáles son sus autores clave, sus obras de referencia, sus fundamentos supuestamente científicos? Todo ello se responde en el libro, con perspectiva histórica y sentido crítico.

Éste se divide en dos partes: en la primera se exponen ordenadamente los fundamentos teóricos de la teoría de género, empezando por la obra de Simone de Beauvoir, siguiendo con el feminismo radical de los 70, la revolución sexual, el freudomarxismo, etc, hasta acabar con la teoría queer y el actual movimiento cyborg. El autor no sólo explica las ideas en su contexto sociopolítico, sino que relata las vicisitudes personales de sus autores, a veces poco coherentes con sus reivindicaciones.

En la segunda parte el autor aborda la puesta en práctica de la ideología: su trascendencia y tratamiento en las organizaciones internacionales, en particular la ONU, su concreción en leyes e instituciones de ámbito nacional, las diversas estrategias políticas y educativas que están en marcha, etc. Paradigma de tales innovaciones es España, que el autor considera principal campo de ensayo de las “políticas de igualdad” (p.175). El libro concluye, por este motivo, con el análisis de algunas leyes españolas recientes sobre educación y salud, cuyas consecuencias están siendo especialmente deletéreas para la familia, el derecho a la vida y la convivencia democrática.

Todas estas críticas se hacen con serenidad y mesura, huyendo de la demagogia política, la descalificación exaltada o el maniqueísmo simplista. No obstante se echa en falta una mirada más amplia y profunda para captar, junto a las sombras de este espeso muro ideológico, los innegables destellos positivos que brillan en él. Ciertamente no es fácil tal criba, pero resulta imprescindible para entablar un verdadero diálogo. Para lograrlo, creo que sería útil hablar más bien de pensamiento de género, como un enfoque que contiene ciertos elementos válidos para analizar los hechos sociales, pero distinguiéndolo netamente de la ideología de género, del todo rechazable por el proyecto de manipulación social que envuelve.

De entre los mencionados destellos positivos sugiero los siguientes:

lunes, 8 de agosto de 2011

Frank R. WILSON, La mano

Frank R. WILSON, La mano. De cómo su uso configura el cerebro, el lenguaje y la cultura humana, Tusquets, Barcelona 2002

Neurólogo y director médico del Peter F. Ostwald Health Program for Performing Artists de la Universidad de San Francisco, Wilson es un científico de amplias miras y un auténtico humanista, como demuestra en esta obra.

No se limita a estudiar la mano —“milagro biomecánico fruto de la adaptación”— desde sus conocimientos como neurólogo, sino también desde multitud de perspectivas: biología, psicología cognitiva, lingüística, pedagogía y, sobre todo, paleoantropología. Y lo hace de modo ameno y original, ilustrando los argumentos científicos con ejemplos tomados de diversos oficios. Desfilan a lo largo de sus páginas músicos, malabaristas, titiriteros, mecánicos, joyeros, magos, artistas, etc, cuyos testimonios, según nos hace ver el autor, nos remiten al largo proceso evolutivo en que se formaron, en fecunda interacción, la mano, el cerebro y el lenguaje.

Para Wilson, en efecto, resulta incuestionable que esas tres aptitudes, habilidad manual, pensamiento y lenguaje, han coevolucionado hasta la forma actual en el homo sapiens sapiens, en un proceso cuya complejidad aún estamos lejos de comprender. «Nunca entenderemos —afirma— qué es la inteligencia hasta que no podamos establecer de qué modo están interconectados bipedismo, braquiación, interacción social, acicalamiento personal, ambidextria, lenguaje y uso de herramientas, articulación de ensilladura del quinto metacarpo, neuronas “de comunicación” en el córtex parietal del cerebro, neurotransmisores inhibitorios, clados, codones, secuencias de aminoácidos, etcétera». (p.169)

En otras palabras, para Wilson nuestro desarrollo cognitivo, emocional, lingüístico y psicológico como especie diferenciada sería fruto de nuestra actividad manual, una actividad que rebosa pensamiento, comunicación, simbolismo y creatividad. Son lo que él llama raíces físicas ocultas de la aptitud humana: «Ahora estoy absolutamente convencido de que estas raíces son más que profundas y más que antiguas. Vienen de muy abajo y muy atrás en el tiempo, desde mucho antes del alba de la historia humana, desde los orígenes mismos de la vida primate en este planeta» (p. 20)

sábado, 23 de julio de 2011

Manuel GARCÍA MORENTE, Ensayo sobre la vida privada


Manuel GARCÍA MORENTE, Ensayo sobre la vida privada, Excerpta philosophica 4, Facultad de filosofía Universidad Complutense, 2ª ed., Madrid 1992. (También publicado en Ediciones Encuentro, 2001)

García Morente (1986-42), el insigne filósofo de la escuela de Madrid, se ocupa en este breve estudio del trato personal, la amistad, el amor, la soledad y el ensimismamiento creativo. Todo ello lo engloba bajo el término de “vida privada” y lo contrapone a lo que llama “vida pública”, es decir, al trato más o menos formal de las relaciones sociales.

Ya en esta confrontación y terminología se insinúa el principal defecto de la obra.

En primer lugar, nos parece inexacto llamar “vida privada” a estos aspectos de la existencia marcados por la intimidad personal, y que habría que llamar más bien “vida íntima” o “relaciones personales”. La amistad, con todos sus matices y variedades, es ciertamente un fenómeno de la vida privada, pero no toda “vida privada” tiene esta riqueza y profundidad. Basta pensar en los actuales reality shows televisivos, donde la privacy es sinónimo de ramplonería y vulgaridad. No estamos de acuerdo, pues, con afirmaciones del tipo: «Cuanto más privada es nuestra vida, más auténtica y verdadera es; más nuestra, más propia, inconfundible y única» (p. 35). Privacidad no es, en absoluto, sinónimo de intimidad.

Más inexacto aún nos parece la afirmación de que «En la relación pública el hombre no es persona, sino cosa», (p. 29), y por tanto el trato social es esencialmente “despersonalizado”, carente de significado humano: “(una) costra exterior de formas fijas, de conducta estereotipadas, de cosas naturales, en suma (biológicas y sociales), que envuelven la auténtica persona libre» (p. 25). No habría que esperar, por tanto, ningún enriquecimiento personal de este ámbito de la vida; sólo recurriríamos a él por razones estrictamente utilitarias.

viernes, 22 de julio de 2011

Rafael CORAZÓN, Filosofía del trabajo

Rafael, CORAZÓN, Filosofía del trabajo, Rialp, Madrid 2007, 164 págs


El autor es doctor en Filosofía y Letras y profesor de Filosofía en un Instituto de Málaga; es autor de unos veinte libros y numerosos artículos en revistas especializadas.

En esta obra sigue de cerca a los filósofos Leonardo Polo y Robert Spaemann; de ellos se insertan en el texto amplias citas, lo que vuelve la lectura algo fatigosa.

La obra se divide en tres partes:

I. El hombre y el mundo

II. La dimensión objetiva del trabajo

III. La dimensión subjetiva del trabajo

En la primera se indaga en la esencia del trabajo en el contexto de la relación del hombre con el mundo. Para la tradición griega esta relación consiste principalmente en el tener: el hombre, dice Aristóteles, es el ser que tiene logos (inteligencia), que se tiene a sí mismo mediante las virtudes (hábitos), y que tiene objetos (habita lugares, confecciona y usa herramientas, etc). El trabajo se encuentra al servicio de esta última posesión, la de los objetos de la naturaleza. Pero esta no es la forma de posesión más elevada y dignificante, sino la que se adquiere con la conducta virtuosa (praxis), característica de los hombres sabios y los auténticos ciudadanos. En cambio el trabajo manual (poíesis), es secundario y accesorio, incluso vergonzoso, ya que sirve para cubrir unas necesidades que nos asemejan a los animales; por eso mismo debe reservarse a los a los esclavos. Se abre así una brecha entre trabajo y contemplación, poíesis y theoria, que perdurará hasta la Edad Moderna. No obstante, con la llegada de Cristianismo este dualismo se suaviza, ya que Cristo mismo trabajó, pero subsiste el menosprecio del trabajo manual (oficios serviles) en favor de las artes liberales, orientadas a la contemplación (teoría).

domingo, 17 de julio de 2011

María Teresa MARTÍN-PALOMO, Domesticar el trabajo



MARTÍN-PALOMO, María Teresa, Domesticar el trabajo: una reflexión a partir de los cuidados, en Cuadernos de relaciones Laborales, Vol. 26, núm. 2, 2008, pp. 13-38, disponible en este link.

La autora es investigadora en la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la Universidad Carlos III de Madrid.

Excelente estudio sociológico sobre el trabajo femenino en la actualidad, concretamente sobre las fronteras —problemáticas y difusas— que median entre trabajo doméstico y trabajo remunerado en nuestras sociedades posmodernas.

Con documentación selecta y actualizada, y con indudable amplitud de miras, la autora desbroza un terreno oscurecido por prejuicios e inercias mentales, y privado desde hace siglos de las necesarias herramientas conceptuales para explorarlo.

Su estudio, en efecto, pone de manifiesto cómo la identificación de trabajo con empleo, nacida en los albores de la revolución industrial (p. 16), ha conducido a menospreciar o, sencillamente ignorar, la peculiar aportación de la mujer a la construcción social.

Ofrezco a continuación un resumen del artículo que divido en cinco partes:

I. El concepto de domesticación

II. Los rasgos domésticos extensibles a cualquier trabajo

III. El concepto moderno, o sea, obsoleto, de trabajo

IV. Los cuidados que domestican el trabajo

Al final incluiré un último punto:

V. Opinión personal

lunes, 11 de julio de 2011

Georges VIGARELLO, Lo limpio y lo sucio

Georges VIGARELLO, Lo limpio y lo sucio. La higiene del cuerpo desde la Edad Media (Tit. orig. Le propre et le sale: L'hygiene du corps depuis le Moyen Age), Alianza 1991, 323 págs.

El libro se puede descargar íntegramente en pdf en varios sitios de Internet, por ejemplo aquí.

Historiador y sociólogo francés, Georges Vigarello (1941) trabaja en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París (École des hautes études en sciences sociales) y ha demostrado en este y otros estudios un interés particular por lo que podría llamarse sociología del cuerpo, es decir, la representación del cuerpo en las diversas épocas y culturas.

El libro que reseñamos se publicó en Francia el año 1985. En él se describen los usos y concepciones de la higiene personal hasta finales del siglo XIX. Aunque el título hace pensar en un ámbito de estudio más general, el autor se ciñe a la sociedad francesa, y más en concreto la parisiense. Si bien limitadas a este escenario, sus fuentes son abundantes y variadas: tratados de higiene, urbanidad y moral, normas administrativas, novelas, inventarios patrimoniales, etc.

El autor analiza con gran perspicacia las sutiles interrelaciones entre elegancia, sentido del pudor, avances científicos y técnicos, convenciones sociales, y cambios políticos. Todo ello, según Vigarello, va configurando en cada época el concepto de “limpieza corporal”, con variaciones verdaderamente notables.

En el siguiente esquema resumo lo más escuetamente posible el contenido del libro. Después de ello expondré mi opinión sobre él, e intentaré sacar algunas conclusiones desde la óptica de la Teoría del hogar.

Rosa Mª CAPEL, Mujer y trabajo en el siglo XX

CAPEL Martínez, Rosa Mª, Mujer y trabajo en el siglo XX, Cuadernos de Historia nº 65, Arco Libros, Madrid 1999

Breve librito (96 páginas) en el que se estudia la evolución del trabajo femenino fuera del hogar en los dos últimos siglos. El análisis se centra en el ámbito europeo, con particular referencia a España.

La perspectiva que se adopta es principalmente histórica, sociológica y económica. Apoyándose en abundantes cifras, estadísticas y gráficos, la autora detalla la participación de la mujer en el mercado laboral, tímida y reticente a comienzos del XIX, y amplia y decidida después, sobre todo tras la II Guerra Mundial y a impulsos de los movimientos feministas.

Aunque se aporta al final una buena bibliografía, el texto carece de pies de página, por lo que no es posible contrastar las afirmaciones que se hacen. Ignoro si es una opción metodológica de la autora o una imposición editorial, pero opino que resta consistencia a un estudio de este tipo.

El estilo no es ameno; la abundancia de cifras y porcentajes dificultan la visión de conjunto. Se echa en falta un resumen más sintético de cada período. No obstante se trata de un trabajo riguroso e interesante.

Nicolás GRIMALDI, El trabajo


GRIMALDI, Nicolás, El trabajo. Comunión y excomunicación, Eunsa, Pamplona 2000 Nicolás Grimaldi es profesor emérito en la Universidad de París-Sorbonne. Ha sido catedrático de Filosofía moderna y de Metafísica.En su libro aborda las cuestiones clave sobre el trabajo citando con soltura a los autores clásicos, principalmente a Aristóteles, Platón, Diderot, D’Alambert, Kant, Rousseau, Hegel, Marx, Adam Smith, Durkheim y Bergson. Su lectura resulta en algunos pasajes a veces algo difícil, pues expone con tanta vehemencia las doctrinas de estos autores, que no queda claro hasta qué punto las comparte o las critica.

Se divide en dos partes:

I. Ontología del trabajo, donde investiga sobre la esencia del trabajo, sus formas y las interpretaciones que se han hecho de él en la Historia, en particular el juicio peyorativo que ha recaído sobre el trabajo manual.

II. Sociología del trabajo, donde expone y critica las teorías Durkheim y Marx sobre la división del trabajo.

No me propongo aquí un resumen completo del libro sino entresacar algunas ideas interesantes que puedan tener aplicación en la Teoría del hogar, que es el tema de este blog.

sábado, 11 de junio de 2011

Carol GILLIGAN y la ética del cuidado



GILLIGAN, Carol, In a different voice, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts and London, 1993

1

Carol Gilligan (1936- ) es una psicóloga estadounidense, profesora de estudios de género en Harvard y feminista, conocida sobre todo por el libro que reseñamos ahora: In a different voice: psychological theory and women's development, publicado en 1982. Argumentando desde la psicología educativa, Gilligan propone lo que llama ética del cuidado (ethics of care). Basándose en numerosas entrevistas realizadas por ella misma, concluye que la formación moral que reciben las mujeres desde niñas y su correspondiente visión de la realidad, está deformada por prejuicios educativos, que toman la experiencia masculina como prototipo y punto de referencia. El enfoque masculino de la moral sería la norma, y el femenino, su forma inmadura o desviada. Expone su tesis rebatiendo, con pruebas y argumentos contundentes, las posturas de insignes psicólogos, como su mismo profesor de Harvard Lawrence Kohlberg (1927-1987), el suizo Jean Piaget (1896-1980) y, por supuesto, Sigmund Freud.

L.KASS, El alma hambrienta

KASS, León R., El alma hambrienta. La comida y el perfeccionamiento de nuestra naturaleza, Ediciones Cristiandad, Madrid 2005.


El autor es un prestigioso médico y biólogo norteamericano, dedicado desde hace años a la filosofía, especialmente a la Bioética. Imparte cursos en la universidad de Chicago y es famoso por haber dirigido el Consejo de Bioética del gobierno de Georges Bush. Es judío practicante.

El libro es un ensayo ameno y profundo sobre la conducta alimentaria. Se basa en una antropología realista, abierta a la trascendencia, en la línea de la filosofía perenne de Occidente. Encuadra admirablemente la cultura gastronómica en el marco de la tradición grecorromana y judeocristiana, aportando sugerencias muy luminosas sobre el gusto, la hospitalidad, la sobremesa, los modales, etc, y sobre los valores humanos que todo ello comporta.

Los conceptos antropológicos que se emplean están tomados muy directamente de Aristóteles, al que se cita con frecuencia: alma, naturaleza, forma, materia, causa, razón, etc., con sus consiguientes ventajas e inconvenientes.

Entre las ventajas está el empleo, abierto y sin prejuicios, desde el título mismo del libro, de la noción de alma, de enorme riqueza en Occidente, y tan oscurecida por el dualismo platónico-cartesiano y por el idealismo moderno. Kass lo emplea en su sentido preciso: el alma es la forma del cuerpo (pp. 80-102), y desde ahí realiza una aguda crítica al mecanicismo y al materialismo modernos.

lunes, 30 de mayo de 2011

G. LIPOVETSKY, La posmujer en el hogar

Gilles Lipovetsky, “La posmujer en el hogar” en La tercera mujer. Permanencia y revolución de lo femenino, Anagrama, Barcelona 1999, pp. 186-238


El libro lo componen cuatro ensayos. En esta reseña me referiré al tercero de ellos: La posmujer en el hogar, pp. 186-238

En él se realiza un análisis histórico, minucioso y documentado, del trabajo del hogar desde la Edad Media
a nuestros días. El estudio se centra en el papel de la mujer, pero también en la implicación de los varones y la valoración de la sociedad sobre él.

Al parecer, hasta el siglo XVIII el trabajo del hogar era poco apreciado por sí mismo en Occidente, incluso por parte de las mujeres. Es a partir del siglo XVIII, y sobre todo durante el XIX cuando se forja la idea de “ama de casa” que conocemos actualmente, primeramente en los ambientes burgueses, y más tarde se extiende a toda la sociedad. Se exaltan y magnifican sus cualidades, se perfilan sus funciones como peculiares de la mujer y diferentes de las del varón, y se pondera su sentido del sacrificio y su dedicación a la vida, la educación y a la felicidad de la familia. Se habla incluso de ángel del hogar y sacerdotisa o vestal del templo doméstico. Esta retórica se mantiene hasta los años 50, a pesar de las revoluciones sociales y los movimientos feministas anteriores a esa fecha. En la década de los 50, este ideal de ama de casa adopta en Estados Unidos un tono más moderno y menos “sacrificial” y místico, pues se asocia a los ideales democráticos y los avances técnicos en el terreno doméstico: los electrodomésticos, las conservas, los nuevos utensilios de limpieza, etc, tal como reflejan las imágenes publicitarias de la época.

jueves, 26 de mayo de 2011

Natasha WALTER, Muñecas vivientes



WALTER, Natasha, Muñecas vivientes. El regreso de sexismo, Turner, Madrid 2010


La autora es una periodista londinense, activista por los derechos humanos y feminista. Está casada y tiene dos hijos.

El libro quiere denunciar que hoy, a comienzos del siglo XXI, la sociedad está volviendo a posturas machistas que se suponían superadas después de los movimientos feministas del siglo pasado, y ello con la pasividad acrítica de las mismas mujeres, alienadas por la sociedad de consumo y por el determinismo científico.

La tesis viene avalada por abundante documentación periodística, y está salpicada de observaciones, a mi juicio, acertadas, lúcidas y valientes aunque, como diré, carentes de una visión suficientemente crítica sobre la persona y la mujer.

La obra se divide en dos partes claramente diferenciadas. La primera, “El nuevo sexismo”, versa sobre la hipersexualización de la cultura, consentida en gran parte por la mujer actual, que es causa de su propia degradación. La segunda, “El nuevo determinismo”, denuncia el excesivo crédito que se presta al supuesto fundamento científico de la diferencia varón-mujer. Digamos algo sobre cada una de estas partes.

lunes, 23 de mayo de 2011

M.P. CHIRINOS, Claves para una antropología del trabajo




CHIRINOS, Maria Pia
Claves para una antropología del trabajo

Eunsa, Pamplona 2006

Breve pero ambicioso ensayo sobre el trabajo, que recorre la evolución del concepto desde sus orígenes clásicos hasta la actualidad. La autora pone al descubierto, con agudeza filosófica, los múltiples prejuicios que pesan sobre este ámbito de la vida humana, en especial el menosprecio del trabajo manual con el consiguiente olvido del talento femenino. El intelectualismo de la filosofía griega, en efecto, junto al racionalismo moderno han contribuido a deformar este tipo de labores, tan ligadas al servicio directo de la persona y al genio de la mujer. Abordando la cuestión desde diversos ángulos y apoyándose en una nutrida documentación, la autora no sólo critica esta visión estrecha, sino que nos conduce hacia el ámbito donde estos trabajos alcanzan todo su esplendor y eficacia, que es el hogar. Los trabajos domésticos, en efecto, presentan una especial fuerza humanizadora que los convierte en paradigma de las demás actividades profesionales, y clave para entenderlas en todo su valor.

martes, 29 de marzo de 2011

Richard SENNET, El artesano




Richard SENNETT, El artesano, Anagrama, Barcelona 2009

Sennett es un sociólogo estadounidense adscrito a la corriente filosófica del pragmatismo. Actualmente enseña en diversas universidades americanas e inglesas. También es violonchelista profesional.

Fue discípulo de Hanna Arendt, con la que discrepa a propósito del homo laborans (contrapuesta al homo faber), que ella desprecia, y que Sennet, desde el pragmatismo, pretende dignificar. Precisamente éste es el propósito de El artesano.

El libro, publicado en 2008, versa sobre la artesanía en cuanto trabajo bien hecho, valorado por sí mismo: «toda artesanía es trabajo impulsado por la calidad» (p. 36).

En este sentido, las conclusiones a que llega pueden y deben aplicarse a todo trabajo, no sólo al tipificado socialmente como “artesanía” (por ejemplo los trabajos manuales realizados en pequeños talleres).

Situado en el punto de vista del trabajador, el autor analiza meticulosamente su experiencia: el aprendizaje, la comunicación y colaboración en el taller, el diálogo con los materiales, el pensamiento corporal, la resolución de los problemas intrínsecos a la labor, la dimensión ética y estética de ella, su virtualidad socializadora, sus versiones falsas y peligrosas en el contexto actual, etc.

La argumentación, muy amena —no hay que olvidar que el autor es también novelista—, está salpicada de sabrosas descripciones de todo tipo de actividades artesanales, perfectamente encuadradas en su ambiente histórico. Asombra la erudición que despliega el autor, su conocimiento de oficios tan lejanos en el espacio y el tiempo, su habilidad para relacionarlos entre sí, y la abundante documentación que maneja, rigurosa y actual.

En sus observaciones se combinan sabiamente los argumentos sociológicos, filosóficos, psicológicos y estéticos, huyendo de interpretaciones rígidas de escuela. El sano pragmatismo de Sennet, abierto al espíritu, no se opone a la existencia de verdades absolutas, como hacen otros pragmatistas, sino que se limita a describir la experiencia humana, fielmente y sin prejuicios.

martes, 8 de marzo de 2011

Katherine ELLISON, El cerebro de mamá




Libro muy interesante y actual, a contracorriente de la dogmática de género. Las siguientes reseñas y comentarios los tomo de
http://www.planetadelibros.com/el-cerebro-de-mama-libro-1689.html

y

http://www.leergratis.com/libros/el-cerebro-de-mama-katherine-ellison.html


Una contribución científica que derriba viejos tópicos sobre la maternidad y reclama el papel fundamental de ésta en el crecimiento de la inteligencia femenina.

«Por fin la ciencia respeta a las mujeres. Sumamente atractivo para el lector no científico, El cerebro de mamá arroja luz con gran objetividad sobre los beneficios de la maternidad en el cerebro.» Naomi Wolf

«La percepción, la eficiencia, la resistencia, la motivación y la inteligencia emocional están tan presentes en una buena madre como en un director general que aparezca en las listas de los 500 directivos más influyentes. Ambos, por ejemplo, deben tener las “capacidades logísticas para enfrentarse al día con la máxima productividad y el mínimo desgaste”.» Publishers Weekly

«Muy bien documentado… Un regalo perfecto para esas madres privadas de sueño que creen que nunca más van a ser capaces de volver a utilizar su cabeza para pensar.» Bookpage

Sinopsis
Todavía es demasiado frecuente el tópico de que la maternidad limita e incluso atonta a las mujeres, al centrar su vida cotidiana en el universo del bebé, absorbente y simple. La autora de este libro demuestra, a partir de investigaciones científicas recientes, que, lejos de ese mito, la maternidad contribuye a activar la inteligencia, al enfrentar el cerebro femenino a nuevos retos para los que ha sido programado.

Ellison ha descubierto que la maternidad aporta mejoras muy sustanciales en cinco aspectos de la vida: la percepción, la eficiencia, la resistencia, la motivación y la inteligencia emocional. Lleno de historias vivas y divertidas sobre madres actuales, este libro práctico e innovador (publicado anteriormente con el título de Inteligencia maternal) rompe con antiguos lugares comunes y ofrece consejos certeros para utilizar mejor la inteligencia que la maternidad aporta, y para convertir el hecho de ser madre en un proceso fecundo y enriquecedor a todos los niveles.

martes, 1 de marzo de 2011

Estética de las tareas domésticas

(Boceto para una conferencia)

1. Origen de la estética

La estética como disciplina filosófica nace en el siglo XVIII. Es la ciencia de la belleza, pero por diversos motivos, principalmente por la orientación que le dio Hegel, la estética se centró desde el principio en las obras de arte más que en otras realidades bellas. De ahí la tendencia, que llega hasta nuestros días, de identificar estética con teoría del arte. Esto trae consigo otras reducciones: la belleza se reduce a belleza artística, la belleza artística se reduce a obra de arte, y obra de arte se reduce a determinada clase de objetos (pinturas, joyas, monumentos, adornos, etc), considerados como “arte” por la sociedad.

Tal reducción (que he resumido muy esquemáticamente) tiene una consecuencia capital para nuestro tema: la belleza se queda fuera de la vida ordinaria, pues pertenece a ciertos ámbitos puros y excelsos (museos, academias, estudios de cine, auditorios, etc), y los artistas serían, por definición, gente extravagante, bohemios que viven en el olimpo de los selectos. Como es lógico, este planteamiento excluye al hogar del mundo del arte. Presenta, además, un componente netamente machista, pues es propio del genio femenino descubrir y expresar la belleza de lo concreto, lo ordinario, lo doméstico.

2. La belleza está principalmente en las personas

Por eso, si queremos decir algo serio sobre “estética de las tareas domésticas”, hay que empezar rechazando este prejuicio esteticista que, por lo demás, ha entrado en crisis en la posmodernidad.

Es preferible recuperar una vieja idea que ya estaba en Platón: el vínculo entre amor y belleza . La belleza está ligada al amor porque su fuente es la persona en sí misma, más que las obras técnicas que realiza. Es cierto que el universo personal incluye la actividad artística, pero más aún otras realidades bellas, por ejemplo el aspecto personal (¡las mujeres guapas!), la conversación, la amistad, el amor erótico-conyugal, la acción virtuosa, la santidad, etc.

Estas formas de belleza preceden y rebasan la actividad propiamente artística, la inspiran y le dan sentido, pero nunca se reducen a ella. Es decir, esta belleza de las relaciones personales nunca se reduce a un producto artificial o una ejecución técnica; no es belleza de algo sino de alguien.

Recordemos que la palabra castellana belleza procede de cierto piropo dirigido a las mujeres en el Renacimiento: bonella (“bonita”, diminutivo de “buena”), lo cual es indicio de que la verdadera belleza resplandece en el rostro antes que en las cosas; en el trato antes que en la producción.


Esta experiencia estética de las relaciones interpersonales Julián Marías asociaba al vocablo castellano ilusión. Lo que ilusiona son, fundamentalmente, las personas.

Pensamos, por tanto, que hay dos tipos fundamentales de belleza, subdivididos a su vez, e íntimamente relacionados:

a) BELLEZA “DE ALGO”

—NATURALEZA: se manifiesta en el cosmos, el paisaje, la vida animal y vegetal, etc.

—ARTE: se manifiesta en los objetos artificiales, adornos, monumentos, espectáculos, etc

b) BELLEZA “DE ALGUIEN”

—BELLEZA PERSONAL: incluye la dimensión ética, y se manifiesta en el aspecto, cuyo fin y regla es la presencia personal

—BELLEZA EN LAS RELACIONES PERSONALES: se manifiesta en todos los ámbitos de la vida social, pero especialmente en el hogar, cuyo fin y regla es la comunión personal.


Estas cuatro clases de belleza están incluidas unas en otras escalonadamente, como las matrioskas rusas.

La belleza de la naturaleza es asumida por la del arte, la del arte por la belleza personal, y ésta a su vez, por la del hogar. Por eso el hogar aúna y sintetiza todas las formas de belleza, realzando cada una en su orden.

3. La belleza integral

Esta síntesis y recapitulación de todas las formas de belleza en la vida personal podemos llamarla belleza integral. Sus características principales son las siguientes:


3.1. — Es el resultado de asumir y armonizar el hombre sus diversas dimensiones: lo físico, lo psíquico y lo espiritual. Esta conquista incluye por tanto:

a) el cuidado de la apariencia y del ambiente humano mediante artes específicas, que llamaremos artes de la intimidad, y que describimos más abajo.

b) el dominio de las tendencias mediante las virtudes

c) la fidelidad a la vocación amorosa, desplegada en el tiempo


3.2. — Esta integración la encontramos incoada en nuestra naturaleza, pero está por cumplir, lograr e inventar mediante nuestra libertad. Eso implica que es una creación personal y al mismo tiempo un riesgo de frustración y fracaso vital. Por eso algunos autores llaman a la moral “el arte de vivir” (J.L. Lorda), y Unamuno dice a propósito de Don Quijote que “el héroe es poeta en acción”.

3.3. —Por ser el cuerpo palabra originaria de la persona y como su signo eficaz, la belleza integral tiende de suyo a vivirse y manifestarse corporalmente. Para ello es imprescindible el discernimiento, por vía afectiva, del significado esponsal del cuerpo, fundamento de la complementariedad entre varón y mujer. Esta sabiduría práctica en torno a la corporeidad incluye actitudes como el pudor y la elegancia.

3.4. — La belleza integral, y las artes con que ella se cultiva, se dan según cinco niveles:

a) El cuidado del aspecto, mediante el cual se actúa sobre el campo magnético de la presencia.

b) El hogar, que es obra común de todos sus miembros, en la cual reluce la armonía peculiar de cada familia, su estilo, su excelencia, sus peculiaridades.


c) Posteriormente la belleza integral aflora en la amistad, y de modo singular y paradigmático en el amor erótico, confiriéndoles lirismo y hondura.

d) Desde los niveles anteriores la belleza integral se proyecta en la compleja trama de las relaciones sociales, insuflando en ellas aliento de humanidad.


e) Por último, y como cerrando el círculo, los medios de comunicación, en particular las expresiones artísticas del mundo de la imagen (cine, publicidad, moda, diseño), reflejan, interpretan y configuran los niveles anteriores.

3.5. — Otra característica de la belleza personal o integral es su carácter biográfico o narrativo, pues le es esencial aquel argumento que hace de cada vida algo único. Las artes que hemos mencionado se dirigen precisamente a intensificar el sentido argumental, confiriendo a la vida cierto aire de novela o película, es decir, un todo con sentido. De este modo, cualquier vida, por corriente que sea, se torna digna de contemplarse, despierta admiración, irradia belleza.

3.6. Fomentar, captar y responder a la belleza integral requiere una ardua y exigente disciplina ascética, especialmente el recogimiento habitual y el dominio de la mirada. Así entrenado, el corazón se abre de modo espontáneo a la excelencia de la persona y siente la incitación de su misterio.

4. Comparación entre el museo y el hogar

El siguiente cuadro ilustra lo dicho hasta ahora. En él ponemos de relieve los rasgos distintivos de la belleza integral en contraste con la belleza meramente artística, representadas respectivamente por dos ámbitos paradigmáticos, el hogar y el museo.


HOGAR


MUSEO

Es síntesis de las cuatro formas de belleza. Incluye por tanto el temple ético de las personas, su vocación amorosa, y el estilo y sensibilidad de cada uno.


Aquí la que cuenta es la belleza de los objetos. En cambio la elegancia, compostura, categoría moral o biografía personal de los visitantes es irrelevante.


Los objetos del hogar dicen a las personas que lo componen, hablan de ellas.


Los objetos del museo no “hablan” de esas personas concretas que lo visitan sino que se refieren a otras, a una generalidad anónima.


La belleza del hogar dimana de la comunión de las personas que lo componen.


La belleza del museo reside en los objetos que lo componen, no en sus creadores, ni mucho menos en sus visitantes.


En el hogar el espacio lo dice todo. Aquí están y se mueven las personas, que lo iluminan y le dan sentido. Hay ambiente.

Aquí el espacio apenas “habla”. El ambiente es completamente secundario, y también quiénes o cuántos sean los que lo ocupan.


Está vivo, evoluciona y cambia con los inquilinos.


No “crece” como un ser vivo, más bien aumenta o disminuye según la cantidad de las obras que acumula.




5. Las artes de la intimidad

Expliquemos un poco más la expresión “artes de la intimidad”, con que nos referíamos más arriba a las destrezas y oficios que modulan y dignifican la convivencia.

Llamamos intimidad
a la distancia entre el ser y el aparecer, que induce al hombre a inventar su imagen en todo momento, a acomodar su verdad interior a la circunstancia en que se encuentra; y no sólo su imagen individual, sino la de su familia y su grupo.

Llamamos “artes de la intimidad” a aquellas que tienen por fin inventarle a la intimidad una apariencia, un rostro, con que pueda abrirse a la comunión interpersonal: que el que parece ser coincida con el que es.

Ello comporta una interpretación específicamente humana de los objetos físicos, advertir el quid humanum que late en ellos. En primer lugar en la ropa y los adornos corporales. Y en segundo lugar en los objetos del ámbito doméstico: utensilios, alimentos, muebles, horarios, ropa, dinero. Ciertamente todas las profesiones participan de un modo u otro en esta perspectiva, pero nunca con la radicalidad que presenta en el hogar.

El carácter estético del oficio doméstico se funda en su orientación directa a expresar y cultivar la intimidad personal. Pues, lo mismo que la persona sólo puede realizarse éticamente, sólo puede expresarse estéticamente. Sin un ambiente estético, sin excelencia y delicadeza, sobre todo en el hogar, la persona se engaña, se aísla y se frustra. Muere de asfixia espiritual.

De ahí que las artes de la intimidad sean trascendentales en la formación de cualquier persona. Sin ellas se incurre en el analfabetismo doméstico, que es una forma de ignorancia muy extendida hoy día, incluso entre la elite intelectual.


6. Servicio y estética

El prejuicio esteticista que mencionábamos al principio de esta charla apartó, según dijimos, el ámbito doméstico de la creación artística. Esto es un contrasentido ya que, según documenta la paleoantropología, el arte nació y se desarrolló en el hogar.

Este prejuicio ignora además otra cosa: la íntima relación entre servicio personal y arte.

Hay dos clases de servicio, profundamente unidas: servir-a y servir-para. El primero es una actitud ética, lo segundo es perfección técnico-profesional. El vínculo entre ambos lo puso de relieve san Josemaría (“para servir, servir”). En estos apuntes uniremos en la palabra servicio ambos matices.

Juan Pablo II estableció el llamado principio personalista : sólo el amor es actitud proporcionada a la dignidad de la persona; sólo el que ama consigue tratar a la persona en cuanto tal. Ahora bien, el amor se traduce en la práctica en servicio. El servicio es la respuesta lógica del amor (cfr pasaje de la suegra de Pedro, Mt 8, 15). Sólo quien sirve ama, y sólo quien ama, vive. Quien no vive para servir no sirve para vivir.

El servicio genuino —no el servicio servil, propio de esclavo— tiene carácter de espejo : consiste en reflejar lo valioso mediante algo igualmente valioso. Y lo personal sólo puede reflejarse —expresarse— como tal en términos estéticos : fiesta, excelencia, orden, armonía, lirismo, sorpresa, amabilidad, arte, etc (cfr. el pasaje del hijo pródigo, Lc 15, 11-24). En esto se distingue del servicio servil, que empobrece humanamente.

El verdadero servicio, pues, inspira un trabajo necesariamente creativo : si a quien respondemos es a una persona, y la persona es de por sí inagotable, la respuesta es menester inventarla sin cesar, es inabarcable, infinita.

De ahí que el trabajo del hogar, por más que sea costoso, cansado, duro, repetitivo, aunque comporte sudor y lágrimas, nunca deja de tener un carácter de celebración incesante, de fiesta. Con él decimos al prójimo “¡que bueno es que existas!”.

7. Artesanía

Según hemos dicho, la belleza del hogar se manifiesta y cultiva mediante artes específicas. Estas artes son eminentemente artesanales.

Podemos definir artesanía como trabajo impulsado por la calidad (Richard Sennet). Es decir, trabajo realizado por amor al propio trabajo, aunque haya también otros motivos, sobre todo el necesario sustento económico. A diferencia del concepto decimonónico de “bellas artes”, la artesanía no ve incompatibilidad entre búsqueda de la belleza y utilidad práctica, entre inspiración y provecho económico.

El menosprecio de la artesanía a favor de las “bellas artes” es otro de los prejuicios heredados por el esteticismo ilustrado. Lo útil y práctico, lo ligado a la vida cotidiana, sería algo que degrada el arte, oscurece su belleza, lo vuelve impuro y falso. Y si tal prejuicio niega entidad artística a la artesanía en general, mucho más a las tareas domésticas.

Ante ello hemos de recuperar la auténtica noción de arte, que es trabajo inspirado, es decir, operación técnica informada por cierta contemplación estética, síntesis del obrar y el contemplar. Visto así, el límite entre artesanía y arte se difumina, y se hace posible vislumbrar la dimensión artística de todo trabajo, empezando por el del hogar.

La crisis de la Modernidad y de los viejos conceptos a ella ligados, como “bellas artes”, museo, genio, academia, etc, han dado lugar a un redescubrimiento de la artesanía, más que como tipo de trabajo, como actitud ante el trabajo, la cual es posible cultivar en cualquier profesión. Representante destacado de este pensamiento artesanal es el filósofo, sociólogo y violonchelista americano Richard Sennet.

En esta perspectiva el hogar destaca como principal reserva de pensamiento artesanal en la sociedad. No sólo por estar incoadas en él todas las profesiones, sino por cultivarse aquí, más que en ningún otro sitio, la mencionada actitud artesanal ante el trabajo. Ello se debe a la expresividad especialmente intensa que caracteriza a estas tareas: todas ellas tienen valor de gesto, son autoconciencia de la familia y comunicación entre sus miembros. Por eso la urgencia de calidad —rasgo definitorio de la artesanía— es aquí mucho mayor que en otros ámbitos profesionales.

BIBLIOGRAFÍA

Para elaborar este guion he tenido en cuenta, entre otras, las siguientes lecturas:

ALVIRA, Rafael, Filosofía de la vida cotidiana, Rialp, Madrid 1999;

BALLESTEROS, J., Postmodernidad: decadencia o resistencia. Tecnos, Madrid 1989;

Buttiglione, Rocco, “Familia y trabajo, en La persona y la familia, Madrid 1999, 165-191.

CHIRINOS, María Pía, Antropología y trabajos, Hacia una fundamentación filosófica de los trabajos manuales y domésticos, Pamplona 2002.

FONTÁN DEL JUNCO, Manuel, “Arraigos personales portátiles o formación de la subjetividad (educar en la época tecnoartística del mundo)”, en Tratado de educación personalizada, dir. Víctor GARCÍA HOZ, tomo 18 (Enseñanzas artísticas y técnicas), Rialp, Madrid 1996

LABRADA, María Antonia, Estética, EUNSA, Pamplona 1998

PIEPER, Josef, Entusiasmo y delirio divino. Sobre el diálogo platónico "Fedro", Rialp, Madrid 1965

PLATÓN, Banquete (trad. M. Martínez Hernández); Fedro (trad. E. Lledó Íñigo), Gredos, Madrid 1986, pp. 143-287 y 289-413 respectivamente

Ruiz Retegui
, Antonio, Pulchrum, Rialp, Madrid 1998

SENNET, Richard El artesano, Anagrama, Barcelona 2009;

TATARKIEWICZ, W., Historia de seis ideas (Arte, belleza, forma, creatividad, mímesis, experiencia estética, 5ª ed.) Tecnos, Madrid 1997

YARZA, Iñaki, Introducción a la Estética, Eunsa, Pamplona 2004


viernes, 25 de febrero de 2011

El hogar, escuela de humanidad

Comparto en este post el siguiente esquema que elaboré para unas charlas sobre antropología del trabajo doméstico, que tuvieron lugar en La Puebla de Castro (Huesca, España)

El hogar es la encarnación de la familia,
su forma de vida propia, su concreción en el espacio y el tiempo. Funciona como una persona hecha de la comunión de varias: tiene alma y cuerpo, se “arregla”, crece, cambia, se alimenta, se ensucia, se lava, habla, ama…

¿Qué son las tareas del hogar?
Son aquella trama de actividades y compromisos (servicios, destrezas, encargos, competencias, tradiciones, ritos, juegos, etc) con los cuales el hogar: A) se une orgánicamente como cuerpo vivo, B) toma conciencia de sí, C) configura su identidad peculiar, y D) celebra su hermosura.

Su sujeto es toda la familia como comunión de personas.
Las tareas domésticas reflejan la peculiar comunión de personas que es la familia, y por tanto todos sus miembros están implicados en ellas, cada cual según su modo peculiar de ser familia y sus circunstancias, formando así una “comunidad de trabajo”.

Aunque la mujer desempeña un papel especial.
En el plano simbólico, en efecto, la mujer personifica el hogar, es como su rostro y su signo insustituible. El hogar es como ampliación de su regazo. Por eso corresponde a ella dirigir estas tareas e informarlas con la levadura de su feminidad, lo cual no significa en absoluto que, en la práctica, tenga que cargar con todo. La casa es de todos.

Son paradigma y pedagogía de todo oficio.
Contienen como en embrión todas las profesiones. Abarcan muchas actividades (unas 300), que comprenden: A) procesos técnicos, B) labores educativas y asistenciales y C) manifestaciones estéticas y lúdicas. Admiten por consiguiente varios niveles de interpretación o lecturas profesionales.

Son ejercicio de maternidad espiritual.
Es decir, con ellas se cuida de las personas interiorizándolas en el corazón, como gestándolas, para que nazcan de nuevo. Materializan la vocación de nido de la mujer, y en el fondo, de todo ser humano. No persiguen tanto la eficacia como la fecundidad; más que hacer cosas consisten en dar vida.

Forman un sistema.
El ama de casa detecta un latido que lo informa todo, cosas, acciones, espacios y tiempos, como el corazón en el cuerpo vivo. Puede compararse con el cine, donde una gran variedad de trabajos, aparentemente dispares, se integran en un único guion.

Su eje es la corporeidad
de la persona. Constituyen una sabiduría práctica sobre la condición encarnada del hombre. Somos persona según el cuerpo, y por tanto atender las necesidades corporales (comida, vestido, limpieza, adorno) es camino privilegiado para conocernos y amarnos.

Cultivan el sentido simbólico.
Las tareas domésticas constituyen una economía de signos. Cada una de ellas tiene valor de gesto: traduce los acontecimientos familiares en sabores, colores, espacios, tactos y sonidos. El ama de casa escucha la voz de las cosas y hace hablar a la casa.

Entablan una conversación,
tácita e ininterrumpida, entre todos los miembros de la familia, cuyo idioma son las cosas de la casa. Estas operaciones (lavar, cuidar, limpiar, cocinar, ordenar, educar) son siempre algo que alguien dice a alguien, se inscriben en una relación de tú a tú. De ahí que su menosprecio resulte humillante y traumático.

Forman personas.
Son academia primordial de humanidad
: modelan sensibilidades, orientan conciencias, desarrollan virtudes, despiertan talentos, encaminan vocaciones, inspiran arte, educan destrezas, inculcan civismo, siembran solidaridad, cultivan complementariedad.

Aúnan servicio y libertad.
No son servicio servil, propio de esclavos, ni se reducen a mero servicio profesional, el desempeñado con arreglo a la justicia, sino que se desbordan en servicio soberano, que es don de sí libre y responsable. En él se concilian los dos sentidos de la palabra servicio: servir-para (competencia, profesionalidad) y servir-a (cuidado, abnegación).

Imprimen sentido de fiesta.
Además de reconocerse y afirmarse en sus fiestas, la familia es, ella misma, fiesta. Aunque exigente y sacrificada, esta labor nunca pierde cierto carácter de celebración incesante: pone en juego arte, ingenio, fantasía y humor. Se procura la excelencia en el detalle, pues así lo pide la dignidad de la persona.

Domestican el espacio: los trabajos manuales.
El tacto humaniza los objetos domésticos, especialmente la ropa, comunicándoles valiosos y sutiles significados. El uso, la limpieza y el adorno los incorporan al diálogo tácito de la familia y los integran en el sistema doméstico.

Domestican el tiempo: lo cotidiano.
El oficio doméstico armoniza los ritmos cósmicos (el día, la noche, las estaciones) con los corporales (comer, dormir, crecer) y los recapitula en la categoría del hoy, lo cotidiano. Integra el ritmo subjetivo de cada persona (agobios, prisas, tensiones, apatía, enfermedad, etc) en el tempo o timing doméstico, es decir, la historia común a toda la familia.

Enseñan a vivir en complementario.
Las tareas que afectan a la esfera corporal (cuidado de la ropa, objetos y lugares de aseo, etc) o el cultivo de la elegancia y los modales, despiertan el sentido del pudor, que es admiración y respeto hacia el sexo opuesto. Con ello se aprende y enseña a ser varón o mujer, y a comportarse como tales.